
Te la cuento, por si quieres saber de dónde viene todo esto y por si te inspira.
Hace 10 años vivía en Francia, con mi pareja de la época y tras estudiar biología me especializaba en alimentación.
La soledad en un país extranjero y las dificultades de convivencia me llevaron a profundizar por fin en el yoga, después de otros tantos años de trabajo con el cuerpo a través de la danza y el deporte.
La relación se rompió y volví a Madrid con 27 años, con el corazón y la vida rota y haciéndome una promesa: “haría algo que de verdad me llenara”. Así empecé mi formación de yoga.
Todo fluyó, y al poco de terminar el primer año de la formación empecé a dar clases en un estudio. Facilitar clases de yoga fue un regalo del cielo (y un GRAN aprendizaje en todos los sentidos).
Desde entonces no paré de buscar, estudiar y explorar de todas las formas posibles cómo conocer al ser humano: biológica, física, psicológica y espiritualmente.
Aprendí mucho de la ciencia y lo disfruté, pero me faltaba alma y entender las conexiones entre lo físico-emocional y energético.
Siempre he sido un «poco mística» (como diría mi madre).
Me volvía, y me vuelve loca conocer este misterio de la vida. Empezando por nuestro cuerpo, pasando por relación con la tierra, el sol o la comida, hasta como es la estructura del agua o la evolución de los tejidos corporales. .
Conocer la vida me alucina.
Me llena de ganas de vivir.
Y me refiero a conocer la vida salvaje, la de nuestro origen.
Bueno al poco de empezar a dar clases de yoga, ya daba clases en otros estudios y luego en el mío propio y empecé a organizar talleres y luego retiros… hasta que peté de la vida de la ciudad, la falta de tiempo, el estrés, el vivir entre cuatro paredes, la falta de naturaleza, y las ganas de sentirme salvaje, cruda y real. Y así me vine en 2022 a vivir al campo. A una finca en mitad de LA NADA.
El giro más radical y con más sentido de TODA mi vida.
Aquí veo las estrellas.
Camino en la tierra desnuda (ella y yo, las dos desnudas).
Desayuno y como al sol.
Los animales salvajes son mis vecinos.
Me caliento de la madera del bosque.
Y me alimento de mucho de lo que da esta misma tierra que riego y cuido.
Después de tres años de adaptación. De desintoxicación a varios niveles me siento sintonizada con la naturaleza. Me siento en ese estado que intuía hacía ya 10 años que debía de ser el real, el que nos corresponde. El de amar la vida, la creación y el de ser capaz de vivir desde el cuerpo, desde lo que realmente soy, habiendo sido capaz de desaprender las mentiras que un sistema basado en el miedo nos inculcaron.
No estoy aquí para criticar al sistema, esa no es mi labor en esta vida.
Estoy para inspirarte. Para volver a ti. A la vida.
Quizás no tienes que vivir 100% en el campo como yo.
Quizás encuentres la forma de incorporarlo en tu vida, poco a poco.
Pero si hay una pequeña inquietud en ti por explorar lo que la vida es en realidad, empieza ya.
Lo primero es la decisión de hacerlo, y los demás pasos irán llegando.
Será un camino de aprendizaje brutal, seguro difícil unos ratos y de alucinante conexión en otros. No te puedo prometer cuál vendrá antes ni en qué intensidad. Solo te digo que merece la pena vivir tu vida.
Aquí o en otro lugar.
Donde quieras.
Yo estoy aquí por lo que necesites.
Si quieres.
Te lo recordaré todos los días que pueda.
Volver a la tierra.
A la vida.
A tu vida.